miércoles, 19 de febrero de 2014

Cajamarca proclamó su independencia antes del 21 de julio de 1821


Estamos a pocos años de celebrar el bicentenario de la independencia del Perú del yugo español que, casi por tres siglos, sometió a los pueblos del antiguo virreinato. Durante estos casi doscientos años, nos han metido a la cabeza desde cuando éramos estudiantes de primaria, secundaria y hasta superior, del acontecimiento político que realizó  don José de San Martín el 28 de julio de 1821 como el más importante de todo el proceso de la independencia. Que fue el único acontecimiento de independencia en el Perú. Dejando de lado la acción no de una  persona o caudillo, sino el accionar de los pueblos del interior del antiguo virreinato. Estos pueblos tuvieron presencia en la independencia que, debido al centralismo limeño, fueron olvidados, negándolos su fervor patriótico en la emancipación.

Ya los historiadores han dado cuenta que previo al acontecimiento de la independencia realizada por    don José de San Martin en la plaza principal de Lima, en el interior del Perú, en las provincias, se realizaron proclamas adelantándose al 28 de julio de 1821. Esto da a entender que el modelo colonial ya no daba más. El descontento empezó quizá desde Túpac Amaru II con su rebelión que no logro extenderse para terminar en la independencia política. Un casique indígena no pudo hacer la independencia pero si hizo la revolución y abrió el camino de  libertad que otros han de terminarlo. Así como José Gabriel Condorcanqui y Juan Santos Atahualpa (según Waldemar Espinosa, es cajamarquinos), se adelantaron a pretender emancipar al Perú, también los pueblos del interior del Perú hicieron lo mismo y contribuyeron a la causa independentista. Uno de esos pueblos fue Cajamarca.

Muchos pueblos de la costa se adelantaron al acontecimiento político de 1821. Trujillo es uno de ellos, de ahí el nombre de La Libertad. De aquí partió la disposición de que se declarara, también, la independencia en Cajamarca. En los primero años siglo XIX Cajamarca era un Partido que formaba parte de la Intendencia de Trujillo, era un pueblo andino dependiente de Trujillo, subordinado a la costa. “Después de proclamar la independencia en Trujillo, el 29 de diciembre de 1820, el intendente de esta jurisdicción, José Bernardo Torre y Portocarrero envía al sacerdote José María Monzón (natural de Hualgayoc) con el propósito de invitar a los partidarios de la sierra a plegarse al movimiento libertario” dicen los historiador Julio  Sarmiento  Gutierrez y el periodista Tristan Ravines  Sánchez en el libro “Cajamarca historia y cultura” que ambos publican.

Datos dan a conocer que la proclama de la  independencia en Cajamarca se desarrolló en los primeros días del mes de enero de 1821. Hay quienes aseguran que se realizó antes del 18 de enero y que el entusiasmo de los pobladores de esta zona andina del país no se hizo esperar, por lo que “en Cajamarca y demás serranías ha jurado la independencia con el mayor aplauso, pues se me asegura que se han hecho y están haciendo funciones muy suntuosas, y que sólo en la villa de Caxamarca pasan 6,000 pesos lo que se han tirado a granel desde los balcones; habiéndose distinguido una señora, que después de haber hecho grandes funciones, tiro 2,000 pesos el día de la jura a puñados en la calle”[1].  Unos no aseguran el día pero coinciden que fue en el mes de enero del año de 1821. Otros un tanto más precisos aseguran que “indudablemente  se proclamó la independencia en la primera quincena del mes de enero de 1821, con más precisión antes del día 13, que es la fecha más antigua que se conoce”[2]. José  Dammert Bellido dice que en un artículo  publicado por el diario El Comercio  el doctor  Waldemar Espinoza Soriano  afirma que la proclama fue el día 07, domingo, y reproduce el acta del pronunciamiento efectuado en San Pablo de Chalaques; indica otros detalles.  Más allá que los historiadores se pongan de acuerdo o no del día en que se realizó la proclama de la independencia, lo cierto es que cajamarquinos se adelantaron al acontecimiento del que realizó  San Martin en Lima.

“Las crónicas más autorizadas aseguran que la proclama de la independencia cajamarquina congregó a grandes pobladores de indios que seguirán al caudillo Patricio de Astopilco, que dio la nota original y eminentemente peruana intentando restaurar la autoridad inca. Se trata de un indio de pura cepa con sangre de los emperadores”, dice José Dammer  en su libro  “Cajamarca Independiente”.

¿Cuál fue la participación de la clase indígena cajamarquina en la  proclama de la independencia y de lo que vendría después? ¿Quién fue  aquel indio llamado  Astopilco? ¿De qué manera y cuánto  contribuyeron los indígenas cajamarquinos en la gran empresa de la emancipación? ¿Los campesinos cajamarquinos formaron parte de la milicia de los patriotas que más tarde pelearon en las batallas de Ayacucho y Junín? A estas preguntas daremos respuesta  en otro artículo que publicaremos en este blog.

 Pero sí  podemos asegurar que Astopilco tenía el mismo pensamiento que Tupac Amaru II y Juan Santos Atahualpa (ambos pensaban en volver a la autoridad inca, a la monarquía inca). El gran indio de Cajamarca, a pesar de los años pasados después de la revolución de 1780 en Tinta, aun tenía el pensamiento de implementar el sistema político inca. Pero las cosas no fueron como él pensó. La independencia no sirvió para volver al modelo inca, sino para implementar otro modelo que lo llamaron la República. Ya la historia nos ha contado lo que sucedió con el indio en la República que, para algunos historiadores, no fue más que la continuidad colonial. En la independencia, los cajamarquinos expresaron  la utopía andina en la proclama que hicieron antes de la de  San Martín en Lima.     
                                                                      
   




[1]Cajamarca. Pag. 173
[2]Cajamarca Independiente. Pag. 89

jueves, 13 de febrero de 2014

El Frente Amplio de Izquierda en Cajamarca.


Un Frente Amplio de Izquierda se pretende construir en Cajamarca para las próximas elecciones tanto a los gobiernos municipales y a la región. Las conversaciones sobre el tema ya se vienen dando no sólo con las agrupaciones políticas, sino con las organizaciones sociales comprometidas con el progresismo. Ya hay avances y acuerdos políticos.

 ¿Pero quiénes pueden formar parte de ese frente? Hasta donde conoce la prensa, lo estaría formando el MAS, agrupación política de  Gregorio Santos Guerrero, Tierra y Libertad de Marco Arana Zegarra, el Movimiento de Sergio  Sánchez Ibañez y otros más de provincias especialmente de  Bambamarca y Celendín.

Lo que sí está casi asegurado es que,  a pesar de los ataques duros que le están dando, “Goyo” es candidato a la reelección al gobierno regional de Cajamarca.  Con sus debilidades y fortalezas será el dolor de cabeza de los poderes fácticos asentados en Cajamarca y que, la prensa y periodistas al servicio de estos poderes, no dejarán de demoler  a Santos. El actual presidente regional de Cajamarca, si es que las cosas no cambian, será el candidato del Frente Amplio de Izquierda en Cajamarca.

Por otro lado, el candidato del frene a la alcaldía provincial de Cajamarca, si las cosas, también, no cambian, sería Sergio  Sánchez Ibañez con su movimiento  Compromiso Campesino. Sobre el tema, ya hay algunos acuerdos previos que el mismo Sergio se ha encargado de revelarlo. Hasta donde se conoce, la candidatura del doctor César  Aliaga Díaz declinaría para apoyar la de  Sergio Sánchez como la fuerza que tiene acogida en la población cajamarquina.  Sin duda, en los próximos meses,  Sergio va ser el blanco de ataques e insultos que, si lo sabe utilizar bien, sacará ganancias.  Depende de las estrategias que utilice.

El único que falta a que se una al frente, es el movimiento de  Wilfredo Saavedra Marreros que ya no sería Agua y Vida, sino otro que utilizaría como vientre de alquiler cuyo nombre es Luchemos por Cajamarca. Es difícil que se una Marreros al frente, la discusión y los ataques duros entre ellos es constante. Durante y después del conflicto Conga atacó duramente tanto a Marco Arana como a Santos Guerrero y a los demás dirigentes. Los voceros del presidente del FDAC han expresado que irán solos a los comicios electorales, especialmente a la alcaldía provincial de Cajamarca que de seguro será el mismo Wilfredo Saavedra su candidato.


Marreros aún  es débil políticamente, si bien en el conflicto ambiental ha tenido un cierto reconocimiento pero no es mayoritario. En distritos y provincias casi no lo conocen. Su lucha ambiental lo basó únicamente en la ciudad de Cajamarca. Si no tiene la menor idea de construir una unidad política como lo están haciendo los demás progresistas, si no tiene la menor idea de desterrar odios y ataques contra sus compañeros que lucharon cuando las papas quemaban en el conflicto Conga, de hecho, terminará aislado, lo que es más triste, despreciado por la población. El pueblo te hace líder como te vuelve un despreciado. ¡Cuidado!

El destino del denominado Frente Amplio de Izquierda en Cajamarca depende de lo que hagan sus dirigentes y los seguidores de los movimientos que lo integran.  Si realmente se unen para construir un frente cuya intención es construir un pueblo que no sea destruido por la codicia del poder fáctico económico, entonces ese frente crecerá y se hará fuerte y temido por la pequeña derecha intermediaria y oportunista de Cajamarca. Pero si se unen para mirar los puestos sin haber ganado, ese frente ha nacido no sólo para ser daño a los que creyeron en él, sino para darnos cuenta, una vez más, que la izquierda jamás podrá unirse por sus odios y celos políticos enfermizos. De modo que es la oportunidad que en Cajamarca nazca un frente de izquierda con verdadera vocación política.     
                            

viernes, 7 de febrero de 2014

Juan Santos Atahualpa y la sangre insurgente en Cajamarca

Juan Santos Atahualpa

Los movimientos sociales, en el Perú, tienen toda una historia que ha concluido en violencia. Las rebeliones estallaron desde la colonia hasta el presente siglo. Cajamarca, en el primer tercio del siglo XXI, ha sido escenario de una insurgencia  que no sólo paralizó a casi toda la región, sino hizo tambalear al gobierno de turno que no tuvo otro camino que acudir a las fuerzas represivas para pretender restituir el orden y la tranquilidad en la capital de la región. A policías y militares movilizaron para intimidar a toda una población indignada por los abusos del poder económico que es avalado por el poder político. Lo que más indignó a esa población fue la traición del que después llegó a ser presidente.

¿Hay una tradición insurgente en Cajamarca? Ya en la República, en la sierra norte, los movimientos campesinos contra el gamonalismo no fueron tan fuertes como en el sur del país. Pero hubo pequeñas rebeliones que fueron sofocadas con violencia y muertes. Campesinos cajamarquinos fueron asesinados. En 1854, los cajamarquinos con sus líderes a la cabeza, emprendieron la rebelión contra el centralismo costeño hasta lograr su independencia como departamento.

Tal vez se pueda asegurara que, en Cajamarca, existe una sangre insurgente que en cualquier momento puede estallar debido a factores que lo alimentan en el momento. Teniendo en cuenta a los últimos estudios del doctor Waldemar Espinoza, Juan Santos Atahualpa es oriundo de Cajamarca. El historiador cajamaquino, cuando estuvo por Cajamarca a fines del año pasado, en una conferencia, leyó  algunos datos que muestran que el indio rebelde Juan Santos es cajamarquino, “Dicen que ha nacido en esa ciudad pero otros testimonios lo señalan como originario de Cajamarca”[1] Esa ciudad se especula al Cusco. Así que, el primero que levantó la bandera de rebelión contra los españoles, en 1742, fue nuestro coterráneo indio Juan Santos. Mucho tiempo antes que la rebelión de 1780 de  Tupac Amaru II.

Pero, ¿quién fue  Juan  Santos Atahualpa? Flores Galindo en su libro “Buscando un Inca” da a conocer algunos datos del rebelde cajamaquino y dice: “Cuando habían terminado las lluvias a fines de mayo de 1742 llegó Juan Santos Atahualpa al pueblo de Quipongo (…) se supone que pudo haber nacido entre 1705 y 1710. De ser ciertas estas fechas habría llegado a la selva central cuando frisaba los treinta años: quizá la edad más adecuada para que un líder mesiánico inicie su prédica. No se sabe de dónde venía aunque se sospecha que del Cusco guiado por un Piro. Dicen que había nacido en esa ciudad, pero otros testimonios lo señalan como originario de Cajamarca. Se le atribuye viajes a Europa y Africa…”   

Si bien Santos no inició su rebelión desde su tierra natal, Cajamarca, según Waldemar Espinoza, pero lo hizo desde la selva central en Quispongo el pueblo a donde llegó para “levantar a las conversiones del Cerro de la Sal” y para  convertirse en líder de los indígenas de la amazonía central y temido por los españoles y por los franciscanos a quienes odiaba y también le odiaban.

De modo que, los líderes como  Juan Santos, no han dejado de existir  en Cajamarca. En el último conflicto Conga han aparecido líderes que han dirigido y continúa dirigiendo la lucha contra el proyecto minero Conga que, científicamente, es destructor no sólo para la vida animal y vegetal, sino de las personas. Tal vez  Manuel Ramos, Edy Benavides y otros más dirigentes, puedan ser Juan Santos en pleno siglo XXI  con la única deferencia que los tiempos son otros y los modos de lucha también otros.

Al rebelde indio, los españoles no pudieron capturarlo para decapitarlo como hicieron más tarde con  José Gabriel Condorcanqui. Fue un tremendo dolor de cabeza para los europeos ibéricos que pretendían penetrar en la selva central. Sobre todo para los evangelizadores franciscanos.  En tanto, a los líderes cajamaquinos de hoy no les pueden detener y decapitarlos, pero si son perseguidos a través de la figura legal de la Criminalización de la Protesta Social que consiste en ser denunciados y tener que comparecer en el Ministerio Publico cada cierto tiempo. No es más que intimidarlos.

Si bien  Juan Santos Atahualpa pretendió encontrar el Inca y restaurar la monarquía cosa que fracasó como  Tupac Amaru II, los líderes de ahora no buscan un Inca como emperador del Perú de hoy, sino tan sólo buscan encontrar el equilibrio entre el occidente y el mundo andino, entre el capital y la vida. 

Si los  movimientos sociales no han tenido éxito para expulsar al enemigo, por su falta de unidad, pero sí han tenido repercusión en el mundo de todo lo que ha sucedió a través del boom de la tecnología.  En segundos las muertes en el conflicto Conga se supo en el mundo y las organizaciones no gubernamentales en derechos humanos se pronunciaron. En el siglo pasado se podía ocultar hechos, ahora no es posible.  Ahora al movimiento social se une el movimiento tecnológico.             
     


[1]  Flores Galindo. “Buscando un Inca” pag. 103

viernes, 24 de enero de 2014

Arguedas y la utopía de los guardianes de las lagunas.


Por el mes de enero se suele escribir artículos y ensayos o se celebra actividades culturales sobre José María  Arguedas. Mes del natalicio del escritor indigenista. Recordemos que nació  en Andahuaylas en 1911. Arguedas es uno de los escritores que he admirado tanto y he tratado de leer sobre su vida y entender el derrotero de todo su pensamiento que estuvo comprometido en defensa de una clase social postergada hasta las postremerías del siglo XX. Ese grupo social fue la clase indígena.

A más de 40 años de su muerte, aún se sigue hablando y escribiendo de él. Tal vez sea el escritor que, a pesar de la desaparición del indigenismo como ideología y de los intelectuales que formaban parte del movimiento literario, tenga todavía vigencia en la sociedad campesina de estos días. Vigencia en el movimiento campesino que, en los tres primeros lustros del siglo XXI, ha decidido defenderse de los improperios del neocapital que intenta ingresar en territorios de comunidades andinas e indígenas sin respetar los derechos e identidad de esas comunidades.

Flores Galindo, en un ensayo sobre Arguedas, se pregunta: “¿Dónde radicaría un cierto carácter precursor y futurista _en el sentido estricto del término_ de la obra de Jose María Arguedas?”.  La primera obra de Arguedas, “Agua” (1935) no es más que el reflejo de la realidad de la sociedad de ese entonces con tintes estéticos literarios. Está presente el conflicto entre los Mistis e Indios. A la clase indígena sólo le queda una posibilidad: dejarse someter o sublevarse. 

En el siglo pasado movimientos campesinos se sublevaron y tomaron algunas haciendas y se posesionaron en ellas. En pleno siglo XXI  movimientos campesinos se sublevan, aunque aisladamente, contra el capitalismo que no tiene regulación del Estado, contra un sistema que los hace que reaccionen. Casi nada cambia. Continúa el conflicto, el conflicto ya no entre el gamonal y el campesino, sino éste contra el capitalismo en su nueva expresión con su ideología: el noeliberalismo. Tal vez sea este fenómeno en la obra de Arguedas que hace que  el indigenista aún tenga vigencia en la sociedad que vivimos.

“La historia de la Utopía andina es una historia conflictiva, similar a la de Arguedas. Tan enrevesada y múltiple como la sociedad que la ha producido, resultado de un contrapunto entre la cultura popular y la cultura de las élites, la escritura y los relatos orales, las esperanzas y los temores (…) La utopía en los andes alterna periodos álgidos, donde confluyen con grandes movimientos de masas, seguido por otros de postergación y olvido. No es una historia lineal, por el contrario se trata de varias historias”.[1]  Esta utopía andina conflictiva, en este tiempo del capitalismo del siglo XXI, es la que viven los campesinos de hoy con la intención de defender el derecho a la identidad  y a elegir su propio desarrollo económico. Son los campesinos de las provincias de Cajamarca, Celendín y Bambamarca que han emprendido su propia utopía a costo de muertos, criminalización de la protesta y persecución a los dirigentes que llevan adelante la mencionada utopía.    

Arguedas y la utopía andina” es el título de otro ensayo que  Galindo escribió.  En “Buscando un Inca” el mismo autor define al término utopía y dice que “la utopía andina es los proyectos (en plural) que pretendían enfrentar esta realidad. Intentos de navegar contra la corriente para doblegar tanto a la dependencia como a la fragmentación. Buscando una alternativa en el encuentro entre memoria y lo imaginario: la vuelta de la sociedad incaica y el regreso del inca. Encontrar en la reedificación del pasado la solución a los problemas de la identidad”. No se pretende  que se reinstale la monarquía inca, sino que a partir de la historia, de la memoria, se construya una Nación ya no de los incas, sino de los nuevos peruanos que, actualmente, reclaman ciudadanía.

Parafraseando a Galindo podemos decir: Arguedas y la utopía andina de los guardianes de las lagunas. La utopía de los guardianes es ya parte de la historia de Cajamarca. No se creó de la nada, sino dos fuerzas en conflicto lo inventaron: el capitalismo de este siglo y el movimiento campesino andino de Cajamarca. 

En esta utopía se han derramado sangre y creado dolor en los familiares de los que han fallecido. Algunos intelectuales dirán que es una utopía arcaica de los guardianes de las lagunas, los menos versados en la intelectualidad dicen que son revoltosos y radicales y antidesarrollo.

 A pesar de todo lo que se diga contra la utopía de los guardianes de las lagunas, es ya un hecho histórico de Cajamarca.       
  



[1]  Flores Galindo, Alberto. “Buscando un Inca”, pag. 25

miércoles, 22 de enero de 2014

Joaquín Ramírez y su acto mediático.


La presencia de un congresista fujimorista, presidente de la Comisión de Salud del  Congreso, Joaquín Ramírez, en las instalaciones del hospital regional de Cajamarca el último fin de semana, no ha sido más que un acto mediático casi de callejón  preparado por el parlamentario y que la prensa local se ha prestado o ha sido sorprendida.

El argumento del congresista ha sido que ha realizado una visita inopinada ante la denuncia de una serie de irregularidades al interior del nosocomio cajamarquino. Los problemas al interior del hospital no son nada nuevo, ni sólo de estos días, vienen  desde varios años atrás con otros presidentes regionales. La noticia que no hay reactivos o insumos en el hospital no es noticia nueva. Como dicen los periodistas, son refritos. La intención del congresista, quien a cada instante critica a los políticos como considerándose una autoridad apolítica mediática, ha sido armarse un espectáculo de callejón al cual los militantes del MAS se han prestado equivocadamente.

Ramírez quiso aprovecharse de la situación que viene atravesando el hospital y lo ha logrado. De una situación  que las autoridades del gobierno regional  no saben solucionar rápidamente por falta de capacidad de negociación con las partes en conflicto y despedir personal, equivocadamente, en un año electoral. Tremendo error.

El congresista fujimorista no se hubiese hecho presente si el hermano, que es inútil hablando y más en política, no fuera candidato al gobierno regional de Cajamarca. No le hubiese importado que no haya insumos para las operaciones, que amanezcan las personas haciendo colas para lograr una cita. Su intención fue aprovecharse de los más necesitados como lo hizo cuando fue candidato al congreso.  Le aconsejaron que en el hospital hay personas que necesitan que alguien les escuchen por una serie de atrocidades que atraviesa no sólo el hospital de Cajamarca sino de todos los hospitales  del Perú.

La intención de la autoridad fiscalizadora no ha sido dar solución al problema que atraviesa el hospital, sino tratar de dar a conocer a la población de Cajamarca que la gestión del MAS, con  Santos  Guerrero a la cabeza, viene trabajando mal. La intención, desprestigiarlo para que de esta manera el hermano no pueda tener un contrincante fuerte en las próximas elecciones.

Joaquín Ramírez y el hermano han iniciado campaña no sólo realizando pintas por doquier, sino el primero utilizando el cargo político para darle la mano al hermano menor. Tienen dinero Dios sabe de dónde, pero no está garantizado el triunfo a punto de populismo.
                          

miércoles, 8 de enero de 2014

Rondas Urbanas ante ausencia de Estado. ¿La seguridad en manos de quién?



 La intervención de las Rondas  Urbana de Cajamarca, el último fin de  semana, en un centro de diversión nocturno de nombre “Alondra” no sólo ha suscitado comentarios a favor o en contra del accionar de la organización social, sino ha vuelto a colocar, sin que las autoridades quieran darse cuenta, en la agenda la presencia del Estado en temas que tienen que ver con la seguridad ciudadana y la respuesta de ésta.

La inseguridad no sólo es un problema local sino a nivel nacional.  Según estudios realizados en toda la región latinoamericana, incluye el Perú, no se cuenta con un diagnóstico preciso sobre el problema de la inseguridad en las ciudades. Lo que es más lamentable es que ni la policía cuenta con datos precisos sobre la creación y vigencia de las bandas o grupos delincuenciales que hacen de las  suyas las grandes urbes. Ni si quiera actúan dirigidos por un plan que ellos puedan haber formulado, sino lo hacen de manera reactiva, circunstancialmente. Es evidente que, en el Perú, no existen políticas públicas relacionadas con la seguridad ciudadana.  No se han formulado estrategias para combatir la inseguridad en el país.

En este contexto, de total abandono de las ciudades de la gran  urbe de Lima y de las provincias del interior del país en manos de la inseguridad, a la población no le queda otro camino que organizarse y defenderse de los delincuentes.  Ocupar el espacio que el Estado no lo hace. Las Rondas Urbanas de Cajamarca, quizá, puedan ser las primeras organizaciones sociales que aparecieron para suplir al Estado y sus instituciones que tienen que ver con la seguridad ciudadana. No aparecieron por capricho del dirigente que la conduce, por capricho de Fernando Chuquilín, sino por exigencia de una realidad: ausencia de Estado.

Las Rondas Urbanas de Cajamarca, desde varios años,  viene practicando la justicia popular que, en algunos casos, se exagera. Pero no hay otro camino para la población que organizarse y enfrentar a la delincuencia. ¿Dónde está el Estado? No existe. Sólo es formalidad y nombre. Las instituciones como el Ministerio Público, el Poder Judicial y la Policía Nacional, que tienen que ver con la seguridad ciudadana, son vistas por la población como inoperantes, burocráticas o paquidérmicas para presentar resultados. Lo que es más grave como corruptas. Si la ciudadanía no confía en las instituciones del  Estado no le queda otro camino que acudir a su propio pequeño Estado que actúa con sus propias normas. Es como si la misma población privatizara su seguridad. Es una salida pero peligrosa por las acciones sin control  que pueden ir contra los derechos de las personas, por ejemplo contra la salud de la personas.

Por las calles de Cajamarca, en las últimas semanas, se ha visto mayor número de policías; sin embargo cada fin de semana se escucha asaltos ya sea contra comerciantes, contra conductores de  mototaxis o taxis. La inseguridad no se combate con sólo presencia de policías en las calles, sino con resultados; es decir capturando a los delincuentes y ubicando los locales donde se concentra la delincuencia organizada. La indiferencia de las instituciones, que tienen que ver con la seguridad ciudadana,  es cada día más notoria.

Es hora que el Estado asuma su rol en el tema de la seguridad ciudadana. Caso contrario cada cual tomará la manera cómo combatir la delincuencia que terminará en más violencia.  Es verdad que las Rondas Urbanas de Cajamarca tienen un gran respaldo de la ciudadanía por sus resultados efectivos, pero es necesario que el mismo Estado se le acerque para que trabajen en coordinación. La policía y el Poder Judicial lo están haciendo.  Es necesario que se unan el Perú real y el Perú formal.                   

jueves, 2 de enero de 2014

160 años de Cajamarca como departamento y sus males que persisten.


Los 160 años de independencia de Cajamarca del centralismo trujillano se celebra en un contexto en que la ciudad del Cumbe no ha dejado de solucionar los conflictos sociales relacionados con la minería. El de Conga es conflicto latente que en cualquier momento puede reactivarse. Además, se inicia un año de campaña política donde aparecen personajes cuyas intenciones es alcanzar el poder político que, una vez en el poder, gobiernan no para esa mayoría los eligió, sino para otros intereses. Del mismo modo, se habla a la saciedad que se vive una profunda recesión económica que, como consecuencia, se ha perdido empleos y la inversión se ha detenido debido a las protestas sociales.  Por poco asegurar que vivimos en extrema pobreza.

Cajamarca, en los últimos años, se ha convertido en una región que ha dependido, suicidamente, de las actividades extractivistas. Las autoridades no sólo del gobierno nacional, sino de los subnacionales: municipalidades y región miraron el crecimiento económico de la región basado en la venta de piedras y no se preocuparon de la diversificación económica. Todas las autoridades miraron a la minería como desarrollo sostenible, pero se equivocaron. Despreciaron a las demás actividades que, antaño, eran las principales actividades del desarrollo de Cajamarca. Aquí un error más, en 160 años como departamento.

Por otro lado, Cajamarca, a pesar que han pasado los años después de su independencia del centralismo costeño, no cuenta con una clase política debidamente organizada y de vida orgánica. Una clase política que guie su vida política. Sólo han aparecido organizaciones y políticos mediáticos que buscan la circunstancia.

Esta situación ha permitido que las autoridades, una  vez en el poder, tengan serios problemas para gobernar a parte de los técnicos que puedan escoger.  Una clase política debidamente organizada  está en las condiciones de negociar con los otros poderes fáticos que lleguen a la región. Pero las autoridades que ha tenido Cajamarca han sido fácilmente sometidas por los poderes económicos que, de hecho, ya no representaba a la mayoría que eligió en elecciones.

Del mismo modo, no tenemos una clase media capaz de enrumbar el destino económico de la región cajamarquina como lo tiene el sur del Perú. Los empresarios que existen y que se encuentran asociados en la Cámara de Comercio de Cajamarca no son más que intermediarios del gran capital minero que entró y viene entrando a la región. Cuando surgió el conflicto Conga, esos empresarios sintieron el problema de ser una clase empresarial intermediaria, sin ningún capital propio. No fueron capaces de crear y fortalecer sus mercados e interconectarlo con los otros mercados de otras regiones vecinas.

En este contexto se celebra el 03 de enero un año más de independencia de Cajamarca del centralismo costeño.  Si seguimos pensando y actuando igual como lo venimos haciendo, no nos queda otro camino que continuar viviendo en medio de los problemas y conflictos. Es hora que las instituciones se  fortalezcan  y las autoridades cambien de pensamiento.  Si los héroes del 03 de enero de 1854 lucharon contra la tiranía del centralismo trujillano y limeño, las autoridades de hoy deben de hacerlo contra la tiranía que ellos mismos pretender obviar: gobernar para poderes fácticos.